Introducción

13.04.2015
El tránsito se asocia a las diferentes necesidades de la población de desplazarse. La División Tránsito y Transporte tiene dentro de sus cometidos que estos desplazamientos se realicen de forma sostenible, entendiendo por movilidad sostenible de los usuarios de la vía, una movilidad eficiente y segura, en la que puedan minimizarse los riesgos.

El tránsito se asocia a las diferentes necesidades de la población de desplazarse. Estos desplazamientos se realizan utilizando variados medios de transporte para fines diversos: trabajo, estudio, ocio, etcétera, por lo tanto su origen o destino es muy heterogéneo (desde su lugar de residencia hacia sus lugares de estudio, trabajo y esparcimiento). Debemos considerar además una de las variables más importante que es el usuario, cada uno con diferentes necesidades, pero fundamentalmente diferente grado de conocimientos sobre cómo minimizar el riesgo en el tránsito, por lo que la estrategia a adoptar no indicará una solución única.

Debemos considerar aquellos desplazamientos que son inherentes al desarrollo productivo del país (transporte de carga, de pasajeros). En este caso lo que corresponde a quien administra y gestiona es coordinar y planificar las rutas, establecer zonas de exclusión para minimizar la interacción con el resto (ver Unidad Logística).

La División Tránsito y Transporte tiene dentro de sus cometidos que estos desplazamientos se realicen de forma sostenible, entendiendo por movilidad sostenible de los usuarios de la vía, una movilidad eficiente y segura, en la que se puedan minimizar los riesgos.

El Sistema de Transporte Metropolitano cuenta con 1.500 buses urbanos de transporte colectivo a los que se suman las líneas suburbanas y las interdepartamentales con desplazamientos y terminales en la trama urbana, y alrededor de 3.150 autos con taxímetro.

La sociedad no tiene una cultura vial que le permita evaluar el riesgo, es más, existe una tendencia a decir “vamos cerca, no te pongas el cinturón... no pasa nada...”, pero si no nos cuidamos como corresponde, los accidentes ocurren y las consecuencias pueden ser fatales. No está internalizado en cada persona la percepción del riesgo en el tránsito, y lo grave es que los adultos no se cuidan en presencia de los niños, lo que determina que estos los imiten ya que su razonamiento es que “si lo hace mi papá o mi mamá está bien, yo lo puedo hacer", entonces: cruzan con luz roja, por la mitad de cuadra y en oportunidades corriendo, esperan el ómnibus en la calle, viajan en el asiento delantero o no usan cinturón de seguridad, pero lo más grave es que se va construyendo poco a poco una cultura vial incorrecta.

La seguridad vial debe entenderse como parte de la seguridad ciudadana, las muertes ocasionadas por el tránsito son catalogadas por la CEI_10 (Clasificación Internacional de Enfermedades, décima versión) de muertes violentas de causa externa (al igual que los homicidios).

La observación de los parámetros relacionados con la movilidad de los ciudadanos es importante para delinear las estrategias de seguridad vial, no esperar a realizar una intervención luego de que sucede un accidente de tránsito.

Actualmente vivimos en una sociedad del conocimiento, la cual reclama cada vez más sus derechos a estar informada. La amplia difusión de las tecnologías de la información y en particular el Plan Ceibal funcionan como una excelente herramienta para la difusión de contenidos.

Las muertes debidas a vehículos de motor constituyeron la décima causa de muerte en las Américas en el año 2002, la tasa de mortalidad en la región estuvo cercana a 16 por cada 100.000 habitantes, mientras que en Montevideo se sitúa en el entorno de 10 (año 2012), la mas baja del país.

Según datos publicados en el Informe Mundial sobre Prevención de Traumatismos Causados por el Tránsito, para el año 2020 en América Latina morirían 180.000 personas por vehículos de motor y la tasa de mortalidad por esta causa estará alrededor de 30 muertes por cada 100.000 habitantes si los gobiernos no adoptan medidas eficaces y sostenidas.

Planificar alternativas multimodales de transporte es la tendencia mundial, lo que requerirá una estrategia adecuada de los administradores.

¿Existe una solución para evitar los accidentes?

Los accidentes de tránsito son evitables. Considerando que más del 90% ocurren por decisiones incorrectas de al menos un usuario, la estrategia debe enfocarse en estos.

Desde etapas tempranas de vida, el entorno familiar y educativo del niño y niña debe transmitir los conocimientos necesarios para evitar exponerse a los riesgos y a las lesiones como consecuencia de un accidente de tránsito.

El Estado debe encontrar la adecuada estrategia para comunicar la información, consciente de que esta acción por sí sola no es suficiente, debiendo invertir en educación y prevención mediante la ingeniería vial, infraestructura y la tecnología disponible para la fiscalización de las normas vigentes, en especial las que minimizan los factores de riesgo (casco, sistemas de retención, velocidad, alcohol y drogas psicotrópicas).

En la adolescencia, etapa tan complicada en la vida, se debe marcar presencia haciendo hincapié en la importancia de la prevención. Es imposible reducir a cero las víctimas por accidente de tránsito, sin embargo lograr una reducción considerable de las lesiones no sólo es posible, sino que es una obligación del Estado.

De todas formas, la consigna debería ser: “Cero accidente fatal”.

Se necesita una estrategia consensuada entre todas las instituciones vinculadas al tema.

La solución debe emerger de forma planificada y coordinada. No hay técnico ni profesional que por sí solo solucione el tema. La inversión en educación vial desde el nivel escolar es fundamental ya que prepara al niño como usuario de las vías; también de invertirse en la preparación del conductor en aspectos teóricos y de pericia en el manejo, el respeto a la normativa, atención adecuada y seguimiento a las víctimas, y una medicina forense al servicio de la accidentabilidad vial.

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