Playa de los Pocitos

14.11.2017
  Autor: Intendencia de Montevideo / Martin Atme
Playa Pocitos
 
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Playa Pocitos
 
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Playa Pocitos
 
  Autor: Intendencia de Montevideo / Martin Atme
Playa Pocitos
 
Pocitos ostenta la concentración demográfica de nivel más alto. Allí se llevan a cabo campeonatos deportivos internacionales de fútbol, handball, rugby y otras modalidades.

Los orígenes

Desde donde la calle 26 de Marzo cruza La Gaceta y Lorenzo J. Pérez, corría hacia el río de la Plata un arroyo sin nombre. Más tarde, se denominaría de Silva, en época del saladero que lindaba con el de Pereyra. Eran los tiempos hispánicos. No había casi pobladores. Los juncos crecían libremente y la arena, impulsada por el viento, formaba altas dunas.

Tiempo después, atraídas por las aguas limpias del arroyo, aparecieron las lavanderas morenas. Excavaron cachimbas o pocitos donde lavaban las ropas de sus amos residentes en la ciudad amurallada, plantaron pitas para poner a secar la ropa y transitaban el camino que llevaba hacia la ciudad. El arroyo entonces se llamó "de los Pocitos".

Ateniéndose a las respectivas escalas de plano de la Suc. Ana Quirós de Seco y de José María Reyes, Eduardo Martínez Rovira afirma que los pocitos se abrían a partir de la intersección de la actual calle Benito Blanco con el arroyo, extendiéndose aguas arriba alrededor de doscientos metros, siempre sobre su margen izquierda; otros pocitos habrían distado aproximadamente trescientos cincuenta metros de la desembocadura en el Río de la Plata, no lejos del lugar donde el arroyo habría de encontrarse con la hoy calle 26 de Marzo.

El gobierno del presidente interino de la República, Dr. Francisco A. Vidal, con el refrendo de su Ministro de Gobierno, Dr. Eduardo Mac Eachen, dictó un decreto el 8 de enero de 1881 por el cual, atento a que la población que se había formado en el paraje de los "Pocitos" no había sido autorizada oficialmente y a la irregularidad del amanzanamiento practicado en forma privada, sin atender a las disposiciones reglamentarias vigentes ni respetar las buenas condiciones de higiene y salubridad requeridas y considerando la proximidad de que se encuentra ese local de los "Pocitos" de los confines de la novísima ciudad -denominación dada a todos los núcleos poblados situados más allá del Ejido hacia el este y de la Aguada al norte- se disponía su integración a la ciudad y se encomendaba a la Dirección General de Obras Públicas al deslinde respectivo y a la rectificación de su amanzanamiento. Dicha tarea fue cumplida por los agrimensores Pedro Forte Gatto y Javier Álvarez (h) en 1886.

El 5 de mayo de ese mismo año la Dirección de Obras Municipales puso el cúmplase respectivo. A partir de esa fecha quedaría oficialmente inaugurado el pueblo de "Nuestra Señora de los Pocitos".

Factor de importancia en el desarrollo de Pocitos fue, por cierto, la creación de varios barrios constelados en su entorno, que se unieron naturalmente y contribuyeron a facilitar el acceso a la playa.

Evolución edilicia y social

Ya en los primeros años del siglo XX, se iría acentuando la presencia, durante la temporada veraniega, de algunas docenas de familias de la "gente principal" de la sociedad montevideana, residentes en sus "chalets" propios o en fincas arrendadas y en los hoteles, alternando con los numerosos visitantes argentinos.

Por esos días de octubre un grupo de obreros trabajaba en la construcción de un muelle que se prolongaba unos cien metros en las aguas del río de la Plata y tendría una espléndida terraza.

Pero, indudablemente, lo que iba a dar carácter de "balneario" a Pocitos, fueron sus hoteles. Ya hemos recordado el "Hotel de los Argentinos", de Escardó, que, desde su inauguración en 1888 hasta una década después, señalaba con su propia denominación la importancia de los visitantes de la vecina orilla del Plata, que daban el "tono" al mismo. El 1º de enero de 1912, lo sustituirá el llamado "Hotel de los Pocitos", en la Avda. Gabriel Antonio Pereira y Chucarro, mirando frontalmente al mar y que, hacia 1914, se ampliaría estableciendo su entrada principal por la recién construida Rambla.

Los que no podían ir al hotel se habían construido una enorme enramada, cercana a la playa. Funcionaban, en la época, muchas sociedades recreativas. Los jóvenes que las integraban concurrían a Pocitos a hacer asados y bailes, que completaban con baños, pesca y paseos en bote. La primera fue la fundada por Marcos Martínez. Se llamaba "El Pabellón Uruguayo" y su sede estaba sobre la playa, a la altura de Pagola. Luego se transformó en la Sociedad "La Colmena". Tiempo después, los jóvenes de las familias más pudientes instituyeron otra, que denominaron "La Higuerita".

Durante las mañanas, la gente cumplía con el rito del baño.

La separación de sexos, a la altura del hotel, era obligatoria. Las casillas para damas se tendían a la derecha y las de los hombres, a la izquierda. Antes de las casillas, en la propia terraza del hotel, existían dos líneas de habitaciones, separadas por una pared de madera, para apartar uno de otro sexo.

Esta incitante división provocó a más de un gracioso para que hiciera un agujerito en las tablas o violar el límite entre las casillas, para dar solaz a su "viveza" criolla. Los trajes de baño femeninos de la época, no obstante, con "pantalón holgado más abajo de la rodilla, blusa amplísima, mangas y el cabello cubierto", dejaban ver muy poco de las pobrecitas atisbadas.

En la década del 20, el perfil edilicio y urbanístico de Pocitos estaba consolidado como ámbito de residencia habitual de las familias montevideanas.

Fragmentos del libro de Aníbal Barrios Pintos y Washington Reyes Abadie, "Los barrios de Montevideo. VII. De Pocitos a Carrasco". Intendencia Municipal de Montevideo, 1994.

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