Última actualización: 18.11.2009 - 17:20

Cuando el otoño de 1995 firmamos con el Intendente Arana, en su visita a Andalucía, un convenio de cooperación para proporcionarle a la Intendencia de Montevideo nuestro apoyo técnico en la elaboración de un plan de ordenación territorial y urbanística para la ciudad, y nos manifestó —porque ése era su compromiso político— que su voluntad era que el Plan estuviese aprobado durante su mandato, técnicos y políticos andaluces dudamos que en ese período de tiempo fuese posible culminar tan ambiciosa tarea. Y ello no sólo por la dificultad intrínseca que entraña la elaboración de un plan de estas características para una ciudad de las características de Montevideo, sino por la falta de confianza —o el escepticismo que en ocasiones hemos advertido entre responsables municipales y agentes sociales— en la planificación como instrumento de gobierno de un territorio y en el reconocimiento de la función pública del urbanismo; pero, sobre todo, por la necesidad de que en torno a las propuestas del Plan se articulara un amplio consenso político, económico y social.

Sin embargo, la tarea no sólo ha sido culminada en dicho período, sino que ha sido culminada con éxito. Como representante del Gobierno Andaluz, y estas breves palabras introductorias a la edición del ya por todos conocido como «Plan Montevideo», sólo puedo expresar mi reconocimiento y satisfacción por el trabajo efectuado y los resultados obtenidos.

Con este Plan, Montevideo se pone a la cabeza de las ciudades americanas en una nueva forma de entender la planificación urbana, más comprometida con el territorio, pero también más comprometida con la ciudadanía, en la medida en que el Plan Montevideo opta por la mejora de la calidad de vida de sus habitantes, la mejora de sus servicios públicos y de sus condiciones ambientales. Además, es un Plan que llega en un momento de gran oportunidad estratégica para Montevideo, por cuanto se ha convertido en un referente del desarrollo territorial del Cono Sur, ya sea por su esta situación en relación al eje Santiago–Sao Paulo, por la repercusión de carácter territorial que necesariamente ha de tener la prevista construcción del puente Colonia–Buenos Aires, por el papel que puede adquirir la Bahía y su puerto mediante el desarrollo de la hidrovía tierra adentro, o por la propia conformación del área metropolitana de la capital uruguaya, que precisa de un plan concertado y consensuado sobre el modelo de su crecimiento territorial no sólo en el corto, sino también en el medio plazo.

Para nosotros, la elaboración del Plan Montevideo significa también una nueva forma de llevar a cabo programas de cooperación internacional y supone un cambio cualitativo en las formas de cooperación que hasta la fecha hemos establecido con otros países. Porque, si bien el Plan se pone en marcha a partir de la experiencia andaluza en esta materia, no se ha producido una traslación mimética de la práctica de la planificación andaluza a la realidad uruguaya, sino que nuestros técnicos han buscado junto con los representantes de la Intendencia, a partir de su profundo conocimiento de la realidad montevideana las mejores propuestas del Plan. En este sentido creo que se ha conseguido un verdadero equipo de trabajo entre la Unidad Central de Planificación y el Servicio de Planificación Territorial de la Intendencia con Florencio Zoldo y Manuel González Fustegueras, por la parte andaluza. Todos ellos han sido los verdaderos responsables del la calidad y éxito del Plan, por lo que no quiero dejar de expresarle mi agradecimiento personal en su implicación en este trabajo. A lo largo de la elaboración del Plan Montevideo cada uno de nosotros ha aportado lo mejor de sí mismo, y en el proceso todos nos hemos enriquecido de la experiencia de ambas partes.

Por ello confío que esta experiencia de cooperación sea el punto de partida de otros proyectos de trabajo en común, y que el Plan Montevideo sea el referente del desarrollo no sólo territorial, sino también social y económico de una de las más bellas capitales del Cono Sur.


Josefina Cruz Villalón
Directora General de Ordenación del Territorio
y Urbanismo de la Junta de Andalucía

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