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Villa Muñoz

Última actualización: 14.06.2010 - 12:39
El Dr. Reus cruza el Plata y organiza un consorcio, fundando en nuestro medio el Banco Nacional. Más tarde formó una Compañía Nacional de Créditos y Obras Públicas. Entre sus primeras obras figuraron un establecimiento de baños hidroterápicos y el Barrio Reus al Sur. No obstante, acariciaba proyectos aún mayores para Montevideo y éstos cristalizaron, pese a todos los inconvenientes humanos y naturales que salieron a su paso, en el bloque de viviendas que hoy constituyen Villa Muñoz.

Por los años 1875-1876, la ciudad de Montevideo atravesaba una situación angustiosa, secuencia del sometimiento del país "al rigor del cuartel", de la postración financiera de la plaza, de la incertidumbre creada por la tumultuosa realidad política uruguaya.

Una década después, hacia 1887, el panorama ya era otro. Habían renacido la confianza y el espíritu de empresa. Vienen capitalistas de Buenos Aires, unos con el propósito de especular con la compra de terrenos y otros para fundar bancos de construcción y de crédito. La tierra comenzó a cotizarse a muy altos precios, a tal punto que llegó a niveles desmedidos. Este frenesí no duró mucho. Sin embargo, un hombre con empuje atrevido y tremenda energía creadora hizo perdurar su nombre hasta nuestros días.

La meteórica carrera del Dr. Reus en el Río de la Plata sólo cubrió el lapso de cinco años. Cuando llegó a Buenos Aires en 1886 tenía 27 años de edad. En plena juventud, este alicantino había tenido tiempo de ser abogado y jurisconsulto de consejo, doctor en filosofía y letras, traductor y prologuista de las obras de Espinosa, autor de obras jurídicas, diputado de Cortes, director de la Revista de Jurisprudencia.

Pero la personalidad de Reus era múltiple: detrás del hombre de leyes, del investigador de gabinete, del escritor y el orador, se perfilaba un hombre de negocios, un financista y especulador osado, que había revelado sus dotes al jugar audazmente en la Bolsa de Madrid.

En época del gobierno del Gral. Tajes se llamó a una especie de concurso para la organización del Banco del Estado que se proyectaba. En tales circunstancias el Dr. Reus cruza el Plata y organiza un consorcio integrado por capitalistas del volumen de Duggan, Cassey, Ayarragaray y Drydale, fundando en nuestro medio el Banco Nacional. Luego formó una Compañía Nacional de Créditos y Obras Públicas, integrada con un capital de veinte millones de pesos. Entre sus primeras obras figuraron un establecimiento de baños hidroterápicos y el Barrio Reus al Sur.

No obstante, acariciaba proyectos aún mayores para Montevideo y éstos cristalizaron, pese a todos los inconvenientes humanos y naturales que salieron a su paso, en el bloque de viviendas que hoy constituyen Villa Muñoz.

Para llevar a cabo su idea de construir todo un enorme conjunto de casas sólidas, funcionales y baratas necesitaba el Dr. Reus un colaborador avezado. Y pronto lo halló en la persona del teniente coronel Marcelino Santurio. Este, que había residido en Europa, aprovechó su experiencia de viajero inteligente para estudiar los barrios de viviendas económicas, aptos para alojar decentemente a la gente de trabajo. Una vez en Montevideo trató de encontrar un empresario dotado de capital y ambiciosos propósitos. Con Reus unió capacidades y esfuerzos.

El lugar donde concentrarían todos sus fuegos, fue la chacra de Echeverría, con 68 hectáreas de superficie, que extendía sus tierras entre el Barrio Lavalleja -fundado por Francisco Piria en 1885, en la zona que encerraban los caminos de Goes, Figurita y Pastor- y la zona conocida por La Humedad, que comprendía las quintas de Muñoz, Béjar y Hocquard, denominada así por la humedad que le trasmitía un brazo del arroyo Seco, que cruzaba esas tierras que formaban hondonada.

La compra se efectuó a razón de $ 0,40  el metro cuadrado. Una vez delineadas las calles y establecida el área de los solares se iniciaron las obras edilicias el mes de marzo de 1888.

Nunca el Uruguay había conocido trabajo de tal envergadura. Más de 2.000 hombres por día se ajetreaban en las construcciones, 500 carros de carga iban y venían, trayendo arena y ladrillos, cal, pizarras y vigas. Los hornos de ladrillo no daban abasto. Superada la producción de los montevideanos, se debió recurrir a los hornos de otros departamentos del Uruguay. Una pequeña humanidad afanosa vivía en las obras.

Fueron así surgiendo, con celeridad pasmosa, 27 cuerpos de edificios ubicados sobre 18 manzanas que en total albergaban 531 casas. Los grandes pabellones estaban -y están- separados por amplias calles principales y secundarias; poseían además conexiones con las aguas corrientes y con los caños maestros.

El Dr. Reus tenía además claras nociones de los problemas del transporte. Por eso su pequeña ciudad estaría unida al centro montevideano por los cordones umbilicales de los tranvías de dos líneas: la Oriental y la del Reducto.

Las obras iban en marcha, a ritmo acelerado. Pero la naturaleza y las contingencias humanas se encargarían de obstaculizar los trabajos. En el invierno de 1888 la lluvia se ensañó como nunca: durante 78 días el mal tiempo paralizó las obras. Por otra parte la crisis que se abatía sobre la economía uruguaya sumió a la compañía del Dr. Reus en la ruina. Era necesario empero, salir a toda costa del "impasse". Cassey y la Compañía Nacional de Créditos y Obras Públicas, para enjugar en algo las pérdidas, resolvieron rematar las casas. Las ventas iniciales de 1889 fueron realizadas por un hombre que tendría excepcional influencia en la historia edilicia montevideana: Francisco Piria.

Para dar el ejemplo y levantar el ánimo de los futuros compradores, el propio presidente Tajes adquirió la primera casa. Pero el público no respondió como se esperaba. Todo el barrio formó parte de la quebrada Compañía Nacional y luego pasó a integrar el capital del Banco Hipotecario.

El Dr. Reus se vio burlado por un destino adverso. El remate de su bienamada obra y sus otros quebrantos financieros, agravaron una lesión congénita de su corazón y el 7 de mayo de 1891, a los 32 años de una vida agitada y turbulenta, fallecía en plena pobreza.

El Banco Hipotecario cambió el nombre inicial del barrio por el de Villa Muñoz, para honrar la memoria de un jurisconsulto, político y periodista, el Dr. José María Muñoz, que había sido en 1890 presidente del Banco Nacional y, entre 1896-99, primer presidente del Banco de la República.

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