-A A +A

Montevideo y sus barrios

Última actualización: 25.04.2011 - 13:30
El concepto de barrio -del árabe barri, exterior, propio de las afueras, arrabal- no tiene significado ni alcance territorial o jurisdiccional precisos; es, eminentemente una “dimensión subjetiva” de sus vecinos pobladores.

Es el “mundo” de la vida cotidiana, del hogar, de las aulas donde se forman camaraderías y amistades perdurables; un lugar del que no es necesario salir para tenerlo todo. Por consiguiente, los barrios son los módulos constitutivos de las ciudades, los que les dan carácter propios y originales.

No escapó a esta regla, nuestra ciudad. Circunscripta a las poco más de treinta manzanas del trazado original del capitán ingeniero Domingo Petrarca, sobre la península, estrechada por las murallas, sin embargo, Montevideo -la hoy Ciudad Vieja- ya entonces gestó sus barrios.

En 1773, hallamos mención documentada del primero, el “Barrio del Sur” extendido frente al río de la Plata en las cercanías del Baluarte del Rastrillo, posteriormente llamado Real Parque de Artillería y del Cuartel de Dragones, desde las actuales calles Reconquista y Camacuá hasta aquélla y Alzáibar. Y en una lista de enfermeros correspondiente al año 1786, destinados a la atención sanitaria de los barrios, se mencionan los “del Sur”, del “Muelle”, del “Portón Viejo” y de “la Batería de San José y sus inmediaciones” y en otra nómina del año 1787 se indican las enfermeras que tenían a su cuidado los barrios “del Este”, “del Sur”, “del Norte”, y “del Oeste”.

Otro barrio es citado en 1811: el “del baño de los padres”. Isidoro de María ubica dicho sitio, donde acudían a bañarse los religiosos del cercano convento de San Francisco, en las proximidades del hoy Mercado del Puerto. “En la muralla de esa parte -dice De María- que enfrentaba a la guardia de la batería de San Juan, había una abertura que conducía al mar. Una pared de piedra alzada entre ella y la costa, servía de parapeto para encubrir a los bañistas por decencia”.

Como avanzadas edilicias y poblacionales de la futura ciudad, en la segunda mitad del siglo XVIII, en “extramuros”, se fueron formando los barrios de “la Aguada” y el “Cordón”.

En la llamada “Quebrada de los Manantiales” los navíos se aprovisionaban de agua antes de emprender largas travesías. Pero también desde la plaza fuerte, que tenía ese mismo lugar para su abastecimiento, iban las carretas a los arenales de la Aguada, de donde traían la arena necesaria para construir las viviendas de material.

Otro núcleo poblado se fue formando entonces en torno de la Capilla del Carmen, fundada hacia 1793 por el presbítero Manuel Antonio Collantes en las proximidades de la esquina formada por la Av. Rondeau y la calle Cerro Largo actuales. En 1812 ya había sido demolida por encontrarse bajo el tiro de cañón de la plaza.

Un mapa de 1803, que muestra el terreno comprendido bajo el tiro de cañón de Montevideo y parte de los ejidos, registra una cantidad cercana a los ciento cincuenta viviendas existentes en la época fuera del recinto amurallado; en su mayoría van a ser destruidas por los fuegos de los invasores ingleses y de los sitiados.

La Aguada y el Cordón, constituidos en centros de población considerable, fueron incorporados a la “Ciudad Nueva” el 31 de diciembre de 1861, para que disfrutaran de las mejoras de higiene y policía, con que contaba aquélla.

Ya constituida la República, los inmigrantes que llegaban a nuestras costas -canarios, vascongados, navarros, piamonteses- por contratación privada u oficial, comenzaron a radicarse por Tres Cruces, Aldea o Maroñas, como peones de chacras, de hornos de ladrillos o de saladeros o trabajando como artesanos o dependientes de comercio.

Fue en la época, en 1834, que luego de la solicitud de Antonio Montero, quien pretendía levantar una población en la falda meridional del Cerro de Montevideo, el gobierno nacional resolvió fundar, durante el interinato de Carlos Anaya la “Villa del Cerro” con la denominación de “Cosmópolis”, llamada así pues se esperaba que recibiera inmigrantes.

El decreto de Anaya fue dictado el 30 de diciembre de 1834. Por esos días se dio principio al amojonamiento de las chacras de la futura villa. Poco tiempo después, en 1835, dichas tierras fueron adquiridas por Juan Miguel Martínez, Francisco Lecocq y Atanasio Aguirre.

En el ruedo de la bahía, en La Teja -denominación que distinguió a un antiguo varadero- en 1842, el industrial inglés Samuel Lafone, que erigió en dicho rincón un saladero renombrado, comenzó a establecer el “Pueblo de la Victoria”.

Cuando el general Manuel Oribe puso sitio a Montevideo, en febrero de 1843, hacía cuatro meses que se había delineado el pueblo. Por ese entonces ya existían cuatro edificios y se había proyectado la construcción de dos puentes: uno, sobre el Miguelete, con la cooperación vecinal, y el otro, sobre el arroyo de Cuello, con lo que se confiaba acelerar el incremento de las poblaciones del Cerro y de la Victoria.

El desarrollo del pueblo quedó frustado por la llegada de Oribe que, según el diario "Comercio del Plata", ordenó la destrucción de las edificaciones levantadas y dispuso de los materiales acopiados.

La Teja paralizó su crecimiento durante el Sitio Grande, pero otras zonas que rodeaban Montevideo, Paso del Molino, Miguelete, Cerrito, Cardal, Buceo, Aldea e incluso el Cerro se incrementaron con mayor vigor por el afincamiento temporal de soldados y sus familiares, como así  también de montevideanos simpatizantes de Oribe que se trasladaron a las líneas sitiadoras. Entre estas zonas se establecieron nuevas vías de comunicación.

Por la época, en octubre de 1842, se iniciaron remates de solares en el paraje denominado Bella Vista, que era ponderado en avisos publicitarios como el punto más elevado y pintoresco de la ribera montevideana.

El plano topográfico de la ciudad de Montevideo y cercanías levantado por el agrimensor Pedro Pico en 1846, ha fijado los nombres de varios propietarios de quintas en las cercanías del Paso del Molino y a orillas de los arroyos Miguelete y Morales, entre ellas, para citar las más conocidas, las de Maturana, Reyes, Larrañaga, Viana, Juanicó y Juan Antonio Lavalleja.

Se percibe en dicho plano una concentración de viviendas contiguas a la Figurita y a la capilla del Reducto y también en las cercanías de Tres Cruces.

Como una atalaya secundaria y alejada del río, el Cerrito, que será de la Victoria desde el último día de 1812, señorea en las espaldas de la ciudad. Durante casi nueve años será el centro vital de un ir y venir de chasques, de resoluciones gubernamentales y de esperanzas políticas. En 1848 el campamento sitiador albergará unos 5.000 hombres en ranchos de barro, estacas y paja, extendiéndose por más de nueve kilómetros. Casas de comercio amojonaban el camino.

La vecina zona llamada del Cardal, va asimismo a transformarse a partir de febrero de 1843, cuando comienzan a afluir los soldados de Oribe instalados en el Cerrito de la Victoria. El Cardal y el Cuartel quedarán unidos por el llamado "camino del campamento", la ex calle Industria, actual Pres. Ing. José Serrato.

Dos años después, en 1845, Oribe ordena, según los planos levantados por el ingeniero José María Reyes, la creación del pueblo y sección chacras de El Cerrito, en terrenos que fueron de Melchor de Viana, y el 24 de mayo de 1849, la ejecución del nuevo trazado de las calles del caserío del Cardal, que llevaría desde entonces el nombre de "Villa de la Restauración", sustituido un mes después de la paz de octubre de 1851 por el de "Villa de la Unión".

La aldea del Buceo, que en tiempo del comienzo del sitio era inexistente, pronto se transformó en puerto exportador de cueros.

La estación Yatay, dio impulso al Paso del Molino, que recuerda el molino de agua levantado en fecha anterior a 1756 por el religioso jesuita Cosme Agulló.

En el amanecer de la década de 1890, magníficos edificios y quintas espléndidas embellecían el ámbito del Paso del Molino. Brillantes reuniones sociales se llevaban a cabo en sus elegantes chalets. Era el punto obligado de veraneo de la sociedad montevideana.

Una nómina de chalets de las zonas del Paso del Molino y del Puente de las Duranas incluía las pertenecientes a las familias de Farini, Vilaza, Fynn, Victorica, Bastos, Montero, Moratorio, Illa, Aurelio Berro -cuyo chalet ya era sede entonces de la legación de la República Argentina-, Eduardo Zorrilla, Morales, Paullier, Cardoso, Iglesias, Tajes, Montero, Casaravilla y Vidiella. Residían habitualmente en la llamada entonces localidad del Paso del Molino, las familias de Fávrega, De María, Salvo, Buxareo, Castellanos, Belinzón, Suárez, Lavandeira, Lussich, Maeso, Ramírez, Stewart y Reyes, entre otras.

El Prado de hoy se perpetúa ante los testimonios edilicios y forestales dejados por el amor a la naturaleza del financista y hombre de negocios francés José de Buschenthal. Llegado a Montevideo en 1849 para desarrollar actividades diplomáticas e incluso financieras, una de sus obras más trascendentes fue su quinta, a la que denominó "Buen Retiro", cuyo parque fue delineado por el paisajista francés M. Lasseaux.

Sobre el núcleo básico de las obras edilicias y los plantíos dejados por Buschenthal, surgió el esplendor del paseo público y nuevas expropiaciones le dieron su fisonomía actual al agregársele las quintas de Agustín de Castro y de Augusto Morales.

En 1867, otro distrito montevideano era también preferido en la estación estival: el llamado La Aldea. Según el escribano Ramón Ricardo Pampin comprendía aproximadamente lo que dentro de la nomenclatura actual delimitan la avenida Italia, la calle Gral. Las Heras, la avenida Ramón Anador y el Bulevar José Batlle y Ordóñez.

La guerra del Paraguay entre los años 1865 y 1868 originó una época de prosperidad financiera para el Uruguay, con un momentáneo período de crisis a mediados de 1866 provocado por la situación bancaria londinense.

Se produce una expansión notable de ventas de terrenos urbanos y suburbanos de Montevideo, cuya población salta, en cifras absolutas, de 57.916 en 1860 a 111.578 en 1869. Este elevado crecimiento es ganado fundamentalmente, a expensas del aporte migratorio. Como consecuencia se produce el alza vertiginosa del precio de la tierra.

Se crean sociedades con fines de especulación inmobiliaria, que adoptan el sistema de remate de tierras en base a largas facilidades de pago y un monto asequible a la baja clase media. Se realizan amanzanamientos y loteamientos primarios, que no cuentan con equipamiento urbano.

Villas y pueblos se van extendiendo a expensas de este fenómeno urbanístico. El novísimo Montevideo quedará encerrado, teóricamente, entre el trazado del bulevar Artigas y el río de la Plata. Se construyeron caminos de entrada a la ciudad y plazas de frutos.

La "Nueva Ciudad de Palermo" figura inscripta contigua al Cementerio Central en el plano editado por Mege y Williams de 1862. Un año después fue tomada una fotografía de la calle que llevaba al cementerio conocida hoy por Yaguarón. El lugar aparece como un desolado desierto, lleno de baldíos y yuyales. Hacia el Este aparece un grupo de casitas que brotan como hongos blancos en la soledad de los eriales. Una de ellas luce esta leyenda: "Almacén de Comestibles de la Nueva Ciudad de Palermo". En el naciente barrio, que prolongaría en el tiempo ese nombre, había italianos y criollos iniciando la ruda hermandad que imponían las orillas pueblerinas.

Tres sociedades, llamadas de Fomento, comienzan sus actividades de venta de solares en 1867 y 1868.

La llamada "Fomento Territorial" remata en octubre de 1867 terrenos del barrio del Retiro, delineado en terrenos de la antigua quinta de Béjar, detrás del que fuera Establecimiento de Detención y Cárcel Preventiva. En 1868 comienza la venta de solares en el pueblo "Campos Elíseos", en las cercanías del Paso del Molino.

Otra sociedad, inicia en agosto de ese año la delineación en el paraje de las Tres Cruces, contiguo al Cordón, de otro pueblo que abrazaba un área de terreno desde la casa llamada Gallinita hasta la de Sochantres, tomando dos calles paralelas a la derecha y tres a la izquierda de 8 de Octubre.

Con referencia a La Blanqueada, donde se encontraba el campo de juego del Montevideo Cricket Club, fundado en 1861, su nombre deriva de una casa blanqueada que hubo allí y que se destacaba en ese sitio precisamente por su blancura. Pedro Figari la fijó sempiternamente en uno de sus óleos. Hacia 1912 tenía el mismo nombre una de las principales casas de comercio que existían en ese arrabal montevideano de entonces.

Por su parte, la Sociedad "Fomento Montevideano", creó dos importantes pueblos: Atahualpa, en 1868 y Nuevo París, en 1869. En enero de este último año, también había rematados terrenos en el paraje conocido por Figurita llamado así por un viejo comercio, que existía en el siglo XIX en la esquina formada por las actuales avenidas Gral. Flores y Gral. Garibaldi.

Aunque en un plano de 1910 se conoce por Figurita el barrio contiguo al Reducto, comprendido entre las avenidas Millán y Gral. Flores hasta avenida Garibaldi, ya en planos de 1930 aparece señalado con esa denominación el paraje situado en derredor de la calle Figurita, al norte de la avenida Garibaldi y al sur del barrio Jacinto Vera, entre la avenida Gral. Flores y Br. Artigas. En la actualidad lo distingue esa misma ubicación.

Atahualpa, que recibió el nombre del Inca que reinaba en el Perú en tiempo de la conquista, fue fundado en derredor de la antigua quinta del sacerdote Dámaso Antonio Larrañaga, en terrenos de Estomba.

Distinto origen tendrá el barrio Goes. Al finalizar el año 1866 el gobierno del Gral. Flores, denominó al camino a la Figurita camino de Goes, e inauguró un vasto mercado de frutos que englobaba en su seno a la Plaza de Carretas. Tenía por límites, al este la calle José L. Terra; por el oeste, Marcelino Sosa; por el sur, Yatay; y por el norte, la actual Isidoro de María.

Esta actividad comercial, desarrollada en el punto de partida de un camino que se prolongaba hacia el Cerrito de la Victoria y desde la Figurita, por la actual avenida Gral. Garibaldi, le dio a Goes temprana fisonomía. Fue así, que alrededor de la plaza-feria surgieron modestos pero abundantes locales. En ellos se alojaban pulperías, almacenes, fondas, corralones y barracas de acopio, que evocara con amor y presencia definitiva el Dr. Juan Carlos Patrón.

Otra sociedad, la de Cornelio Guerra Hermanos y Cía. decidió erigir hacia fines de 1868 una villa de recreo a orillas del arroyo Pantanoso para solaz de la población montevideana. El puebo de recreo llamado Villa Colón estaba en marcha, pero ésta fue diferida por la revolución de Timoteo Aparicio. La sociedad constituida por Ambrosio Plácido Lezica, Anacarsis Lanús y Enrique Fynn, fundada en 1866 con el fin de proveer  de aguas corrientes a Montevideo, adquirió en 1873 las acciones de la sociedad primitiva que ya había erigido cuatro chalets, e hizo realidad el desarrollo definitivo de la villa.

Un nuevo elemento va a posibilitar la aparición de un nuevo barrio. Durante el gobierno del general Lorenzo Batlle se inauguran las tres primeras líneas de "tranways" de caballitos en Montevideo. Una de ellas, la Línea del Este fue inaugurada en octubre de 1871, conjuntamente con las instalaciones balnearias de la playa situada en las cercanías del saladero de Ramírez. Los rieles del tranvía fueron tendidos sobre el antiguo camino de la estanzuela de Alzáybar.

Donde concluían dichos rieles fueron establecidos los "Carros de Baños Orientales" con capacidad para cinco o seis personas. Estos servicios dieron a Ramírez calidad estricta de balneario, más o menos calcado de los europeos.

El siempre atento y emprendedor Francisco Piria adquirió los terrenos aledaños en 1896 y en febrero de 1889 el Banco Crédito Real Uruguayo inició la venta de solares del Barrio Porteño frente al edificio del Asilo de Huérfanos y Expósitos.

Luego se pensó en las atracciones, en los juegos para el público que buscaba diversiones estivales. Uno de los más requeridos, la "montaña rusa", se inauguró el 24 de enero de 1889. En 1901, en el Parque Urbano los árboles aún no habían llegado a la categoría de arbustos.

En 1875 se levantó la iglesia del Reducto frente a la actual plaza Gral. Eugenio Garzón. En su derredor y también contiguo al Manicomio Nacional, levantado en 1880 en la quinta de Vilardebó -el más importante de América del Sur en dicha época- comenzó a prosperar el barrio del Reducto llamado así, porque en San Martín y Burgues, aproximadamente donde tuvo su origen, vivió en 1813 el Cnel. José Rondeau, en casa de Martín Gulart, más conocido por Machín, a la que se había fortificado y convertido en reducto. Hacia 1912 el barrio del Reducto era uno de los que más rápidamente había prosperado.

Se suceden más barrios en la década del 70. La empresa "La Comercial" que dinamizaba Florencio Escardó, remata terrenos en marzo de 1871 en "La Comercial", barrio de vida tranquila que tuvo en sus comienzos el aporte de contingentes italianos; en 1873, surge Sayago, en terrenos de Francisco Sayago, por iniciativa de Luis Girard, paraje por el que pasaba el ferrocarril desde el 1º de enero de 1869, otro factor cardinal que impulsó la formación de pueblos en el territorio nacional.

En ese mismo año de 1873 se rematan solares en el pueblo de Maroñas, apellido de un antiguo morador, cuya casa ya existía en 1817 cuando Juan Antonio Lavalleja hacía prodigios de valor en el paraje, ante fuerzas portuguesas. Un año después, surge "Flor de Maroñas" en tierras de propiedad de la Suc. Juan María Pérez.

Sobre la Península de Punta Brava o de Carretas, en febrero de 1874 nace Castro Urdiales, nombre con el que se rindió homenaje a la ciudad homónima de la provincia española de Santander.

Importa señalar en estas menciones cronológicas, la formación de otros pueblos en esta década. Abayubá, en 1873, sobre la margen izquierda del arroyo de las Piedras, contiguo al pueblo de La Paz; Ituzaingó, en 1874, en terrenos que pertenecían a la ex "Sociedad Hípica Montevideana" ubicados en Maroñas y San Lorenzo, en 1877, en el Cerrito de la Victoria.

La idea de Juan Pedro Ramírez de implantar un pueblo en los desiertos arenales donde las lavanderas morenas habían excavado "cachimbas" o "pocitos" junto a la ribera, para lavar las ropas de los montevideanos, data de 1868, año en que el agrimensor Demetrio Isola trazó el plano del pueblo de "Nuestra Señora de los Pocitos".

Pero el futuro pueblo, aunque se fueron levantando algunas casas en los solares vendidos, no nació oficialmente hasta 1886. Fue entonces cuando Pedro Forte Gatto y Javier Álvarez (hijo), procediendo por orden de la Dirección General de Obras Públicas, levantaron el plano de delineación del Pueblo de los Pocitos, que fue aprobado por dicha Dirección.

Cuando el tranvía de caballos llegó a la playa Capurro, por tierras que habían sido de Juan Bautista Capurro, le dio un toque mágico al lugar y lo convirtió en balneario. Los bullangueros contingentes de Montevideo que llegaban allí domingo a domingo consagraron un nuevo tipo de recreo.

Fracasada -a causa de la tremenda crisis financiera que se produjo entre 1886 y 1890- la idea del Ing. Alberto Capurro de levantar el "Gran Balneario Playa Honda", concretada en 1887 con la organización de una sociedad, la voluntad popular le da en 1890 un bautismo definitivo, al asegurarse las instalaciones balnearias.

Luego viene el tren eléctrico y en 1910 nace un parque con escalinatas, jardines, pista de patinaje, murallones y otras obras que confirieron al lugar un sello distinguido y le infundieron intensa vida social. Esteban Elena fue el alma máter de la empresa y el técnico italiano Juan Veltroni su realizador.

Hacia 1886 llegaron capitalistas de Buenos Aires con el propósito de especular con la compra, y otros para fundar bancos de construcción y de créditos. La tierra comenzó a cotizarse a muy altos precios, a tal punto que llegó a niveles desmedidos. Entre quienes arribaron contando con la confianza y el respaldo de grandes capitales llegó un hombre de leyes, escritor y orador y a la vez especulador en la Bolsa de Madrid.

Se llamaba Emilio Reus y fue el fundador de los primeros grupos de viviendas económicas de Montevideo, algunas con bohardillas y techos "a la Mansard", característica que los distinguen y que aun conservan: barrios Reus al Sur -en los restos ruinosos de la calle Ansina- y al Norte.

Pese a todos los inconvenientes humanos y naturales que salieron a su paso, sus proyectos cristalizaron fundamentalmente en los bloques de viviendas que hoy constituyen Villa Muñoz, vasto conjunto de casas sólidas, funcionales y baratas construidas con la intención de alojar decentemente a la gente de trabajo.

Durante largo período de actividad dos figuras sobresalen como promotores de la pequeña propiedad para los sectores modestos de la población: el montevideano Francisco Piria y el argentino Florencio Escardó.

El creador de Piriápolis, comerciante e industrial, luchador incansable y de extraordinaria visión, martillero y escritor jugoso, arraigó su nombre en cada barrio y en cada suburbio montevideano. Se ha dicho que Piria, con el auxilio de una ruidosa propaganda, vendió la cuarta parte del área metropolitana.

Florencio Escardó, radicado desde su juventud en el Uruguay, rematador, periodista, autor teatral y escritor -fue autor entre otras obras de "Reflejos de Montevideo", que brinda interesantes datos de esta ciudad y de la República- también fundó numerosos barrios en un período de más de veinte años de actividad, entre ellos, Atahualpa, La Comercial, La Figurita y Tres Cruces, para citar sólo los más renombrados.

Es de interés resaltar que muchos de los barrios nacientes llevaban la denominación de lugares geográficos o de personajes destacados en España e Italia, con los que se tendía a explotar el sentimiento patriótico de los futuros compradores, en general inmigrantes y artesanos originarios de esos países. Para citar algunos ejemplos, de los fundados por Piria: Nueva Génova, Castelar, Nueva Roma y De los Españoles; de los fundados por Escardó: Caprera, Vittorio Emmanuel II, Mazzini y Garibaldi.

En 1889, entre Sayago y Colón, la firma Vera, Mascaró y Cía. inició la marcha hacia el futuro del pueblo Conciliación. Su nombre respondió al clima que dominaba por entonces el espíritu nacional, luego de haber sido derrocado el gobierno del capitán general Máximo Santos.

Jacinto Vera, cantado por el poeta Líber Falco, que evocara con nostalgia sus ranchos de lata forrados por dentro de madera, lleva el nombre del primer obispo de Montevideo. Será fundado por Francisco Piria en 1895, al norte del barrio Ituzaingó, en la que fuera quinta de Platero.

Malvín, llevará deformado el segundo nombre de quien tenía un saladero en dicho paraje: Juan Balbín González Vallejo, quien fuera cabildante montevideano y hacendado.

Al finalizar el siglo XIX surge Peñarol -alias del lugar de nacimiento, deformado, de un antiguo poblador del paraje, Juan Bautista Crosa, natural de Piñerolo, Italia- fundado en torno de los talleres ferroviarios hacia 1898 con el nombre de "Ciudad Ferroviaria" o "La Nueva Manchester", denominaciones que no tuvieron andamiento al persistir el eufónico nombre de Peñarol.

Para dar término a este ya largo catálogo de algunos de los principales barrios montevideanos, nos resta entre tantos otros no mencionados como Villa Española, Krüger, en homenaje a quien fuera presidente sudafricano de Transvaal, Brazo Oriental y Casavalle, las breves referencias de Villa Dolores, Piedras Blancas y Carrasco.

Villa Dolores surgió en derredor del Jardín Zoológico, en el que tantas generaciones de niños han tenido largas horas de solaz. Algunas de las barriadas que contribuyeron a su formación fueron Nueva Génova, en 1879, Nueva Roma y Nueva España, en 1891 y también Miramar, Buxareo y Banco Popular.

Alejo Atanasio Rosell y Rius fue el comerciante, hacendado y filántropo que donó sin condiciones al Municipio de Montevideo, antes de morir, en 1918, el zoológico particular llamado Villa Dolores como recuerdo de su esposa doña Dolores Pereira. La afición de Rosell y Rius databa de 1890 cuando comenzó a coleccionar en sus diversas fincas distintos animales traídos de todas partes del mundo.

El nombre de Piedras Blancas deriva de un grupo de peñascos que se divisaban desde larga distancia y que servían de guía a quienes circulaban por la zona o a los que conducían ganados o carretas procedentes de Minas, Maldonado, Rocha y Santa Victoria del Palmar.

El barrio nació en noviembre de 1909 sobre la avenida Gral. Flores, contiguo a la famosa quinta de José Batlle y Ordóñez.

Carrasco lleva el nombre del primer propietario de estancia en dicho paraje, Sebastián Carrasco, uno de los primeros pobladores de la ciudad de San Felipe de Montevideo, natural de Buenos Aires y soldado de la Compañía de Caballos Corazas del capitán José de Echaurri.

Luego de muchos años de ser la zona de Carrasco un amplio erial, en 1907 el Dr. Alfredo Arocena adquirió a los herederos de doña Rosa Pérez de Ordeig el "triángulo" hoy comprendido entre las calles San Nicolás, Av. Bolivia (entonces Camino de la Cruz) y el río de la Plata.

La zona era de indudable belleza, pero estaba llena de rocas. Fue así que Arocena hubo de apelar a José Ordeig para que le vendiera la fracción traslindera sobre la playa, para lograr una hermosa cinta de arena apta para zona de baños. Y en 1812 fue constituida la S. A. Balneario Carrasco cuyos administradores fueron el Dr. Alfredo Arocena, José Ordeig y Esteban Elena.

El arquitecto paisajista francés Carlos Thays proyectó el plano urbanístico del balneario que se quería resultara una "ciudad jardín". Thays trajo como colaborador a Le Bars, un jardinero notable de la época.

En 1914, la guerra mundial detiene por cuatro años el nacimiento del balneario. Hay que esperar su fin para que las obras surjan pujantes, en busca del porvenir.

Todas las obras de urbanización y forestación, todas las avenidas y los jardines, todo el futuro pulso del balneario dependía de lo más noble de las vísceras turísticas: un gran hotel. Se constituyó así la Sociedad Hotel Casino Carrasco, cuyo presidente fue Esteban Elena. El majestuoso Hotel -uno de los más importantes de América del Sur en la época- fue inaugurado en 1921. En derredor suyo se constelaron las construcciones de los primeros chalets.

 

Este texto  y los de cada barrio en particular forman parte de la colección "Los Barrios de Montevideo", constituida por documentos históricos, compilados en 12 tomos por los profesosres Aníbal Barrios Pintos y Washington Reyes Abadie.
Fueron editados, entre 1990 y 1994, por el Servicio de Prensa, Difusión y Comunicaciones de la Intendencia Municipal de Montevideo.

-