Historia del tango

12.10.2018
El Tango es un estilo musical y de danza originada en las ciudades portuarias de Montevideo y Buenos Aires. Se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, cuando la música popular estaba presente en el ambiente rural, semi urbano y en los grupos citadinos, en colectividades de inmigrantes europeos, comunidad afro y en las clases bajas situadas en barrios marginales y orillas de las ciudades.

El tango, que se va a ir gestando en un proceso de muchos años, y en un momento de gran crecimiento demográfico y urbano,  va a ser una síntesis. Un producto de la mezcla y fusión de muchas culturas, músicas, expresiones populares, desplazamientos sociales, idiomas, costumbres, desarraigos y nostalgias. Comienza a esbozarse en un período de cambios y de crecimiento de Uruguay y Argentina. La identidad se estaba gestando en medio de una gran oleada inmigratoria desde Europa en busca de una vida mejor. Son momentos también, en los que el hombre del campo, el gaucho, se acerca a la periferia de las ciudades en busca de trabajo. Además, el circo criollo tiene sus pioneros en algunas familias que comienzan a hacer recreaciones teatrales de nuestras historias, como por ejemplo la familia Podestá.

En ese contexto urbano, el tango como expresión artística, va a ser  un fenómeno de unión, primero como divertimento y luego como expresión profunda de música, danza y poesía popular. Durante las décadas finales del siglo XIX, se cruzan diferentes géneros artísticos, ritmos, y términos concretos que influyen directa o indirectamente en la consolidación del tango. La colectividad afro-uruguaya con sus fiestas y comparsas tienen que ver en la terminología de la palabra “tango”, la ejecución del ritmo del candombe y quizás también en la danza. El payador que al llegar a las ciudades trae su canto de tierra adentro y el punteo de la milonga campera, también sin saberlo va a influir en lo que será el tango. Las compañías teatrales extranjeras con los “tanguillos andaluces”, y fundamentalmente el ritmo de “la habanera” cubana escrito en 2 x 4 van a conformar los pilares del tango tal cual lo conocemos hoy.

En los últimos años del  siglo XIX y primeros años del siglo XX, como toda expresión pequeña y nueva, repasar el tango es hablar de piezas musicales concretas y de músicos que marcaron mojones, en un momento gestacional y del que se cuenta con poca información. Es así que, se pueden reconocer como los primeros tangos “El Entrerriano” de Rosendo Mendizabal, “Don Juan” de Ernesto Ponzio”, “La Cara de la Luna” de Manuel Campoamor, “ El Choclo” de Ángel Villoldo, “La Morocha” y “Felicia” de Enrique Saborido, entre otros. Son piezas dedicadas a personas o lugares, con letras picarescas que se las identifica como “tangos criollos” o “tango-milonga”.

También hubo en este período  ”tangos cómicos”, el “tango cachada” y otras modalidades casi de improvisación de la música y la letra impulsados por Ángel Villoldo apodado “el padre del tango”) y por Alfredo Eusebio Gobbi y su esposa Flora Rodríguez (“Los Gobbi”) quienes grabaron cilindros en EEUU, discos, y también editaron sus propias piezas a principio del siglo en París. El intercambio de piezas impresas para piano entre las ciudades matrices del Plata y la influencia recíproca comienza a ser más fluida y a consolidar una forma de ejecución. A una primera formación de tocar tangos con guitarra, violín y flauta, se suman el piano y luego el bandoneón (de origen alemán, que llega en manos de un inmigrante europeo).

El ambiente en el cual se desarrolla el tango sigue siendo el de los suburbios, las pensiones, y  los  “peringundines”  (lugares del “bajo montevideano”, donde  el tango se confundía con la prostitución). La danza del tango, es la clave de la popularización de este arte popular, una forma de bailar abrazados en pareja, que es demasiado obscena para la época y provocativa para la aristocracia local. Hacia 1910 y 1911, se instalan las compañías discográficas extranjeras y comienzan a grabarse discos comerciales, que por primera vez incluyen el tango, una música marginal, de mala fama, perteneciente al mundo de los cafetines y locales nocturnos de baja reputación. Es así que  bajo el nombre de “orquesta típica criolla” aparecen los primeros discos del conjunto del bandoneonista Vicente Greco en Buenos Aires. Terminología que después quedará como clásica para los conjuntos de tango “orquesta típica” solamente.

Durante la década de 1910 el bandoneón se perfila para convertirse en el instrumento emblemático del tango (por su sonoridad), y gracias a músicos intuitivos que componen e imponen una manera de tocar tangos, Juan “Pacho” Maglio, Genaro Expósito, Domingo Santa Cruz, Eduardo Arolas, Arturo Bernstein,  Vicente Loduca, entre otros. El violinista Francisco Canaro sumará el contrabajo y Roberto Firpo desde el piano y al frente de grandes orquestas terminan por direccionar el camino futuro del tango hacia 1920. A su vez, llega al Río de  la Plata  la influencia de la “Tangomanía” que vivió París hasta 1914 (cuando comienza la primera guerra mundial), que significó la aceptación del tango en los grandes salones y fiestas de las clases altas.

Carlos Gardel hace la transición entre la canción criolla y el tango canción, inventando una forma de cantar tangos con letras con argumento, que se aleja de la liviandad de los primeros tangos y se acerca a una poesía profunda que cuenta el drama cotidiano de la gente común. En estas dos primeras décadas del siglo, etapa conocida hoy como “guardia vieja”, es el período en el cual se crea un tango tradicional, donde todavía se distinguen los ritmos que antecedieron al tango.

De la  “guardia nueva” a la “época dorada” de los años ’40 y ’50. A partir de los años ’20 el tango ya estaba listo para poder dar un salto cualitativo en su música poesía y orquestación. Al decir del investigador Boris Puga la composición del tango se adelanta a la ejecución, es decir  Arolas, Bardi y Cobián (conocido como “el ABC del tango”) y otros compositores del momento, ya habían compuesto piezas que tenían un potencial de desarrollo musical más complejo y rico armónicamente y melódicamente. Pero otras cosas van sucediendo rápidamente y simultáneamente.

Gardel comienza a modular, a “frasear” con la interpretación de las letras;  a su vez, el bandoneonista Pedro Maffia comienza a hacer lo propio con el bandoneón, logrando un sonido más intimista, apoderándose de un espíritu nostálgico, y avanza en el estudio del instrumento. Los conjuntos comienzan a conformarse en sextetos instrumentales con dos bandoneones, dos violines, piano, y contrabajo. Y  es Julio De Caro quien encabeza la línea orquestal “arreglando” tangos para lucimiento de solos de instrumentistas, con armoniosas melodías. Es decir los músicos ya no tocan al unísono, sino que dialogan en el pentagrama.

Esta nueva forma de ejecución que se conoce como “la guardia nueva” o “escuela decareana” viene a provocar un verdadero avance en el tango y cuenta con el respaldo de prestigiosos músicos durante toda la década del ‘20 como Francisco De Caro, Osvaldo Fresedo, Enrique Delfino, Juan Carlos Cobián, Carlos Marcucci, Pedro Laurenz, entre otros. Pero hay también otros factores sociales y de cambios tecnológicos que se van sumando y hacen del tango la mayor expresión popular del momento en el  Río de la Plata. Es primordial el surgimiento de la radio con un gran número de intérpretes y orquestas tocando en vivo permanentemente. También influye el crecimiento de la industria discográfica argentina en el pasaje del sistema acústico al eléctrico, con micrófono.

Las orquestas de tango proliferan en los cafés de Montevideo y Buenos Aires, en las tardes y noches, y también en los cabarets que pasan a ser los lugares nocturnos con orquestas estables. En París hay un nuevo auge del tango, en medio de “los años locos”, el jazz y lo que va a ser el teatro de revista y el show de cabaret. En nuestro país las grandes orquestas se componen de muchos integrantes y realizan  milongas, valses, paso doble, maxixa, mazurca, jazz, tango y otros ritmos. Animan bailes de carnaval, el cine mudo, cabarets, la radio, los cafés, los teatros y cualquier festividad pública como fechas patrias, y tablados barriales de carnaval.

En torno al tango se generan muchos concursos de baile, de composición, para carnaval o para las sucursales de los sellos discográficos argentinos. El empresario del cine y la industria discográfica Max Glücksmann organizaba grandes espectáculos en los teatros, y los temas ganadores de esos concursos se grababan luego y salían a la venta en los discos 78 rpm.

Músicos como Carlos Warren, Roberto Zerrillo, Edgardo Donato y Ramón Collazo marcan con su presencia en la composición y ejecución, el ritmo del tango en Montevideo. Los lugares más importantes para el tango en la ciudad son el café Tupi- nambá, el café Avenida, los casinos municipales y los teatros Artigas, Urquiza y Solís. Pero fundamentalmente el tango está instalado en el barrio, el club social y deportivo, la familia y el grupo de amigos.

En Montevideo es muy importante la relación particular que se da entre el tango y el carnaval. Las troupes que compiten en el concurso carnavalesco como “La Moderna”, “Atenienses”, “Oxford” “Un real al 69”, entre otras, componen tangos para sus espectáculos. Hay piezas que incluso van a ser grabadas en Buenos Aires por orquestas porteñas. Sobre finales de los años ’20 es una etapa muy fértil y creativa para el tango, la composición avanza rápidamente porque hay mercado para el tango. El tango ya tiene sus propias estrellas como Gardel, Corsini, Roberto Firpo y Francisco Canaro, y también sus tangos famosos como La Cumparsita, A media luz, Mano a Mano, El amanecer, entre otros.

Se fundan las asociaciones de derechos de autor SADAIC (Argentina) y AGADU (Uruguay) y el músico de tango comienza a profesionalizarse. Ya entrados los años ’30 y con la popularización del cantante “estribillista” que interpreta unos versos sobre el final de la pieza, el tango comienza a sentirse como un ritmo muy lento y estancado. Es por esto que surge una moda retro, clásica, tradicionalista, que intenta recuperar el espíritu de la “guardia vieja” con un ritmo más rápido. Con esa idea, el músico argentino Sebastián Piana inventa una forma de tocar milonga ciudadana componiendo “milonga del 900” y “milonga sentimental. 

La orquesta de Juan D’Arienzo arrastra nuevamente a los bailarines a las pistas desde el cabaret “Chantecler” de Buenos Aires y el tango queda muy contrastado entre dos tendencias, la clásica o tradicionalista (Canaro, Donato, D’Arienzo, Lomuto, etc..) y la vanguardista o moderna de los jóvenes que llegaran a los años cuarenta con estilos “decareanos”  definidos como Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Miguel Caló, Lucio De Mare, y muchos mas.

La “época dorada” del tango coincide con un fenómeno social particular por la abundancia de dinero en la calle, producto de la pos-guerra  mundial, y la venta de productos a Europa. Se consume mucho espectáculo en vivo, hay trabajo para los músicos, la gente participa en sus clubes de barrio, en las fonoplateas radiales, en el cine sonoro incluye mucho al tango también.

La poesía adquiere una dimensión importantísima con poetas populares con una obra seria y profunda, Cadícamo, Discépolo, Manzi, Castillo, entre otros. La orquesta típica se afirma con la constitución tradicional de cuatro bandoneones, cuatro violines, piano, contrabajo, a veces violonchelo y viola. Y se profundiza la orquestación musical con la figura del “arreglador” que desarrolla el estilo de los directores de orquesta armonizando temas del momento y también aquellos tangos de Arolas, Bardi, Cobián u otros de la primera etapa que tienen un potencial de orquestación más compleja. Los cantores ya son un instrumento más dentro de la orquesta adquiriendo una fama y popularidad muy alta. Muchos de ellos van a continuar sus carreras como solistas y participando del cine.

Del año 1955, hasta los años ’60 el tango comienza a evidenciar una crisis inminente con  el ingreso de la música foránea desplazando al tango, y una crisis económica y social que se avecina.  De lo que había sido un esplendor en cuanto a la riqueza estilística, creación y composición quince o veinte años antes ya comienzan las orquestas a repetirse a sí mismas, a desgastarse el repertorio y a querer aferrarse a un pasado que ya no existe más. Los directores jóvenes de los años ’40 ya no son tan jóvenes frente a la música que prefieren los adolescentes de “la nueva ola” que hace furor, el twist, el rock and roll y la liberación mundial de los años ’60.

De la crisis al resurgimiento contemporáneo.

El tango nunca pensó que iba a atravesar una situación semejante  entrando los años ’60. La orquesta típica no resiste un número tan abultado de músicos y se transforma en quintetos, sextetos, cuartetos y tríos y los cantores gloriosos de los años cuarenta son vistos como figuras acartonadas del pasado, con una estética anticuada cantándole al pasado con melancolía y tristeza. Surge la televisión y Julio Sosa logra captar un público mayor tradicional que ahora escucha y mira cantar tango desde su casa. Astor Piazzolla que se desprende de la generación del ’40 busca nuevos horizontes para el tango conformando diferentes agrupaciones y composiciones que rompen con los convencionalismos tradicionales. Eleva el tango a música de concierto, o música culta y provoca una universalización del tango y del bandoneón.

En Montevideo se mantiene un público amplio que admira a Piazzolla y otro que también consume D’Arienzo (tradicional), en las temporadas de verano. El baile social se mantiene, pero no tanto en el barrio, ni en la familia, solo se expresa en grandes acontecimientos festivos. Los años ’70 y ’80 son los más duros para el tango ya que la crisis política y social hacen  una situación difícil para la cultura, y el tango casi desaparece. A partir de los años ’90 hay una revalorización del baile, de la milonga como espacio donde se cultiva la danza y de los viejos músicos de tango de la época dorada que son ahora portadores del “verdadero conocimiento” o del “verdadero tango”.

Nuevos grupos musicales siguen el espíritu y la línea de Osvaldo Pugliese (quien actúa hasta 1995). Cantantes del rock nacional reivindican a Roberto Goyeneche como una figura auténtica de la cultura popular. Y bailarines con formación de danza clásica y moderna toman de “los milongueros”  de antes, el “yeite” o la forma tanguera de ejecutar los pasos de baile. Es así como se estudian los estilos de tango salón, tango milonguero, tango fantasía, tango espectáculo. Bailarines como Miguel Ángel Zotto, Milena Plebs, Vanina Bilous, Gustavo Naveira y Carlos Copelo, entre otros, lideran este proceso.

A través de la danza el tango se lanza a conquistar otros horizontes y al tener éxito en el extranjero, se comienza a revalorizar en el Río de la Plata nuevamente. Primero en Buenos Aires y luego en Montevideo (a partir de la III Cumbre Mundial del Tango de 1996).

En esta historia contemporánea del tango en el siglo XX, este arte popular ha cambiado al igual que el mundo y ha tenido su esplendor, ha resistido a las crisis y ha resucitado, para seguir hacia adelante. En palabras del poeta Horacio Ferrer, al tango no le ha llegado aún la hora de su agonía, ni como filosofía existencial ni como estética. Por el contrario, es posible avizorar el advenimiento de una de sus edades mas notables e impensadas, aunque diferente por entero de las anteriores. Lo que vendrá será venturoso, siempre y cuando nadie le pida que se parezca a cualquier ayer.

(Borteiro, Martín. Patrimonio Vivo del Uruguay, Relevamiento de tango. MEC. 2015. Montevideo, Uruguay).

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