Historia barrio Pocitos

22.09.2014
Desde donde la calle 26 de Marzo cruza La Gaceta y Lorenzo J. Pérez, corría hacia el río de la Plata un arroyo sin nombre. Más tarde, se denominaría de Silva, en época del saladero que lindaba con el de Pereyra. Tiempo después, atraídas por las aguas limpias del arroyo, aparecieron las lavanderas morenas, que excavaban cachimbas o pocitos donde lavaban las ropas de sus amos residentes en la ciudad amurallada. El arroyo entonces se llamó "de los Pocitos".

Los montevideanos de comienzos del siglo XIX tenían fuertes recelos contra el mar omnipresente que los rodeaba. Para muestra basta esta crónica, escrita por el historiador y periodista Isidoro de María, en 1821, cuando la ciudad estaba bajo dominación lusitana: “Allá por el año 1721, hubo un eclipse de luna que puso en alarma a los benditos moradores de San Felipe y Santiago, julepeados con el anuncio fatídico de que en esa noche iba a salir el mar de su centro y tragárselos sin remedio”.

Poco a poco los montevideanos le fueron perdiendo el miedo a ese mar inescrutable. Y en defensa del Río de la Plata y de los baños llegaron, incluso, los galenos. En el libro “Higiene de Montevideo”, publicado en 1862, el médico Adolfo Brunel aconsejaba “los baños de mar a los habitantes de Montevideo, y sobre todo al sexo femenino. Las condiciones sociales por las que la mujer pasa su vida, su estado nervioso, el histérico, la clorose, las dispepsias, la hiperesticia, hacen que la mujer me parece más predispuesta a la neuralgia que el hombre. Conviene el baño de mar a las personas linfáticas, cuyo cutis sea pálido y que tengan el flux blanco tenaz, incontinencia de orina, poluciones nocturnas y diurnas y en ciertas gastralgias acompañadas de una gran debilidad”.

Factor de importancia en el desarrollo de Pocitos fue, por cierto, la creación de varios barrios constelados en su entorno, que se unieron naturalmente y contribuyeron a facilitar el acceso a la playa.

En la primera década del siglo XX, Pocitos era, junto con Ramírez, una de las playas más populares. El primer hotel de los Pocitos se adentraba en el mar por su terraza, con un gran muelle asentado en fuertes pilares de lapacho. De un lado del hotel, los baños de hombres, con sus puentecitos, escaleras, casillas y el clásico trampolín. Del otro, terraza por medio, los baños de mujeres.

Tanto damas como caballeros llegaban vestidos a la playa. Los trajes de baño femeninos de la época consistían en pantalón holgado debajo de la rodilla, blusa amplísima y mangas. El cabello se llevaba cubierto. El recato y la discreción eran un mensaje explícito que evitar malentendidos y el abordaje de los fastidiosos.

En las décadas del 20 y del 30 se produce la mutación, cuando surge una avidez por la playa que antes no existía. Entre otras cosas aparece el prestigio del bronceado, que importamos desde París, impuesto por Cocó Channel, decana del mundo de la moda francesa. Hasta ese momento, en cambio, el color de moda era el blanco, pálido y anémico. Y la cercanía con la playa cobró otro status.

El gran hotel de los Pocitos, que se inauguró en 1912, sustituyó al primer hotel que se adentraba en el mar. El nuevo hotel fue punto de referencia del barrio y elemento estructurador. El 10 de julio de 1923, un furioso temporal deshizo buena parte de la rambla, que arrasó a su paso la terraza del hotel.

En los años siguientes, varios connotados miembros de "la gente principal" de nuestra sociedad habían edificado sus "chalets" en "los Pocitos", siguiendo la moda de "Los baños de mar", aunque todavía la mayoría de la "élite" montevideana prefería veranear en las hermosas quintas del Prado, Atahualpa, Paso del Molino, Villa Colón, Santa Lucía, La Paz y Las Piedras.

A partir de los años 40, comenzó a demolerse la edificación costera, con un acelerado proceso de sustituciones tipológicas por edificios en altura. El paisaje de casas quedaría solamente en las postales y en los recuerdos.

A partir de Pocitos, la costa montevideana, con 13 kilómetros de playa y 35 de rambla, se convirtió en el mejor espectáculo de la ciudad.

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