Historia barrio La Unión

16.12.2014
En el eje del conocido "camino a Maldonado", hacia el este, más allá del núcleo del Cordón y de Tres Cruces, en el paraje denominado "Quebrada de Montevideo", por ser la prolongación del Cerrito, vendría a constituirse, a partir de la organización de la República, un caserío sobre el cual sería fundada por el Gral. Manuel Oribe la Villa de la Restauración, ulteriormente denominada de la Unión.

Este barrio montevideano surgido de la conjunción del asentamiento poblacional espontáneo y la posterior decisión de las autoridades, en el entorno de la antigua ciudad de Montevideo, fuera de muros, con carácter de población autónoma, vino a quedar incluido en la planta urbana de la ciudad; empero, su fisonomía local ha logrado prevalecer sobre la uniformización urbanística otorgándole una personalidad distintiva en el conjunto de los barrios de la ciudad.

Según prolijo estudio de Eugenio T. Cavia, cinco fueron las chacras y estancias existentes en el siglo XVIII en el paraje, donde, en parte de ellas, quedaría constituida la jurisdicción de la planta urbana de la Unión, desde el arroyo del Cerrito al Río de la Plata y del camino de Propios hasta Maroñas.

Al norte de la hoy Avenida 8 de Octubre sobre el Bulevar José Batlle y Ordóñez (ex Propios) la chacra de Candelaria Durán de Barrado; siguiendo a ésta por el Naciente, la de Juan Xerpes y luego la de Antonio Camejo. Y al sur, desde el mismo Bulevar Batlle y Ordóñez hasta la hoy Av. Mariscal Francisco Solano López (ex Comercio), la chacra de Francisco Ramírez, posteriormente de Andrés Pernas; prosiguiendo luego la estancia de Sebastián Carrasco, conocida más tarde por "Estanzuela de Alzáybar".

El caserío del Cardal

El natural proceso de crecimiento migratorio y vegetativo de la población de Montevideo, fue determinando su extensión hacia las chacras y estancias de los alrededores. La zona comprendida entre el Cordón y el arroyo Carrasco, favorecida por el trazado de la principal vía de comunicación con Maldonado y siguiendo a ésta, fue de las primeras en recibir a los nuevos pobladores. Pero, sobre todo a partir de la organización de la República, concluidas las guerras de la Independencia fue que el paraje sirvió de asiento permanente a un número cada vez mayor de pobladores estables, generalmente dedicados a tareas agrícolas.

Según versiones que no han tenido aún confirmación documental, ya en 1823, se había producido la instalación de algunos saladeros y de un primer molino de la zona. En 1834, el Gobierno de la República puso en marcha un plan para atraer la inmigración. De acuerdo con éste, eran preferidos los artesanos, peones y trabajadores, a quienes pudieran acreditar buena conducta los cónsules residentes en el territorio uruguayo.

Formalizado el sitio de la ciudad de Montevideo por las fuerzas al mando del Gral. Manuel Oribe, en febrero de 1843, el Cardal vino a quedar en una posición estratégica muy importante dentro de la línea sitiadora. En efecto: su ubicación sobre el camino Real a Maldonado, en el antiguo camino que conducía a la Chacarita de los Padres de San Francisco, ofrecía el dominio de toda la entrada del este de la República: Minas, Maldonado, San Carlos, Rocha, mandaban los frutos del país por ese costado y, por lo demás, desviando, a la izquierda, por el camino de la Cuchilla Grande se alcanzaba la villa de Melo y de allí, la frontera del Brasil. Hacia el norte, por el "Camino del Campamento" (en la traza de la actual calle Ing. José Serrato, ex Industria) se comunicaba con el Cuartel General del Cerrito; y hacia el sur, por el llamado "Camino del Comercio" (actual calle Francisco Solano López) se vinculaba con el puerto del Buceo, cruzando la zona de "la Aldea". Por lo demás, la zona tenía hasta la Guerra Grande un importante desarrollo económico con numerosos saladeros y molinos.

La ventajosa posición estratégica y el desarrollo económico del Cardal fueron, sin duda, importantes factores para decidir el asentamiento en el paraje de la mayor parte de las familias de los jefes y oficiales del Ejército sitiador y de otras, que por sus afecciones políticas, habían abandonado la ciudad.

A partir del establecimiento del Sitio Grande, las diversas noticias y avisos insertos en "El Defensor de la Independencia Americana" van dando testimonio de una creciente actividad económica y social en el Cardal. Así, desde 1845 en adelante, el tramo del camino a Maldonado que atravesaba el paraje aparece denominado como "calle de la Restauración", y pasa a ser centro importante de referencia de distintas actividades públicas y privadas.

La Villa de la Unión

Concluida la Guerra Grande y bajo el imperio del espíritu de concordia consagrado en la paz del 8 de Octubre de 1851, el Presidente Joaquín Suárez, con el refrendo de su Ministro de Gobierno, Dr. Manuel Herrera y Obes aprobó, el 11 de noviembre de 1851, el siguiente decreto: "Con el interés de perpetuar en la memoria de los pueblos el recuerdo de la feliz terminación de la época calamitosa que la República acaba de atravesar, y de borrar hasta donde sea posible los vestigios de la dominación extranjera que tanto ha pesado sobre el bienestar y la riqueza del país, el Gobierno acuerda y decreta: Artículo 1º- El pueblo existente en el partido del Cardal, y conocido, con el nombre de la Restauración, se denominará en adelante Villa de la Unión."

El desarrollo que alcanzaría el barrio durante la prosperidad de los años finales de la década del 60, aumentando el número de sus edificios de mampostería y el volumen de su comercio, llevaron al Gobierno del Gral. Flores a ampliar y dar nueva nomenclatura a sus calles. Éstas eran de tierra, sin pavimento, con postes de madera dura y tres faroles con velas de sebo por cada cuadra. La primera gran conquista lograda fue el empedrado del accidentado camino que unía la villa con el Centro. El camino de la Unión debería tener 18 metros de ancho, teniendo en su centro 10 metros de empedrado y a ambos lados una faja de 4 metros de ancho, pavimentada según el sistema de Mac Adam. Se extendía desde la Casa Volada -actual plazuela Lorenzo J. Pérez o del Gaucho- hasta la calle Montevideo, actual Pernas. Cuando se comenzaron las obras de este camino se celebraron importantes festejos populares en la villa. Los trabajos de empedrado de cuña de sus principales calles dieron comienzo en diciembre de 1866 y el 14 de julio de 1867 fue inaugurado oficialmente el camino a La Unión. En 1925 sería sustituido por el homigón.

Tres episodios de nuestras luchas civiles

Configurada La Unión como núcleo urbano de creciente vínculo con el centro de Montevideo, le correspondió ser escenario de acontecimientos de trascendencia en el agitado proceso de nuestras contiendas cívicas.

En primer término, cabe recordar que, a fines de enero de 1865, las fuerzas revolucionarias de Venancio Flores y sus aliados imperiales completaron el cerco de Montevideo, pasando el caudillo oriental a residir en La Unión. El nomenclátor de La Unión recuerda la fecha de la paz en la Plaza "Veinte de Febrero".

El segundo acontecimiento vivido en La Unión fue el sitio de Montevideo establecido por el ejército revolucionario del Gral. Timoteo Aparicio desde el 26 de octubre al 16 de diciembre de 1870.

El tercer suceso que tuvo lugar en La Unión fue la frustada insurrección del 11 de octubre de 1891 contra el Presidente Julio Herrera y Obes.

La plaza de toros

En los últimos días de octubre de 1853, reunidos en casa de don Tomás Basañez, y junto con el dueño de casa, los prestigiosos vecinos de La Unión Pedro Piñeyrúa, Juan José Durán, Cesáreo Villegas y Luna, Pedro P. Díaz y José Luis Vila, concretaron la idea de levantar una Plaza de Toros.

La sociedad compró a Larravide el terreno necesario para la construcción de la plaza al precio de medio real la vara. Según Ferdinand Pontac -el conocido seudónimo del Dr. Luis Bonavita- la Sociedad fue severamente criticada por esa compra, ya que despreció una oferta de terreno gratuita y con ladrillos como refuerzo del regalo. Pero la ubicación central con acceso por 8 de Octubre y la actual Lindoro Forteza, predio que hoy enmarcan las calles Purificación, Orense, Trípoli y Pamplona, decidieron a la Sociedad a elegirlo.

El constructor de la plaza fue Antonio Fongivell. En febrero de 1854 se llamó a propuestas para la compra de ladrillos, resultando ganador de la licitación don Tomás Basáñez, que ofreció ladrillos especiales de mucho mayor tamaño que los corrientes. Para asentar las hiladas de ladrillos se trajo tierra de las orillas del Tiber, en Roma, lo que dotó de la necesaria solidez a la obra, pero la encareció. La plaza, cuya construcción comenzó en marzo de 1854, tenía capacidad para 12.000 espectadores, cómodamente sentados en el anfiteatro circular. Alcanzó una superficie de 6.082 metros cuadrados, siendo los terrenos de propiedad de la Sociedad de un área de 21.916 metros cuadrados. Mientras se procuraban los toros para las primeras corridas -que fueron seleccionados en los establecimientos de José M. Viñoles y de Ramón Pérez- y otros viajaban a España para buscar lidiadores expertos, se decidió, ante las urgencias de dinero de la Sociedad, inaugurar la plaza en febrero de 1855.

Durante el paso de su funcionamiento, la plaza de La Unión determinó la incorporación de diversos diestros y sus cuadrillas a la vida social de la Villa que se proyectaba, muchas veces a los cafés del Centro donde se comentaban los acontecimientos de las corridas y se formaban tertulias de aficionados y toreros.

La tradición taurófila de Montevideo que en lo literario fue iniciada por el poeta Francisco Acuña de Figueroa -vecino de La Unión y que a menudo presidiera la fiesta en muchas oportunidades- con sus "Toraidas", vino a tener continuidad en los estampones taurinos de Pedro Figari. En ellos el gran pintor retrató a la manera impresionista una serie de episodios acaecidos en el Circo de La Unión en la época de Mazantini, el Gallo, Punteret, el Torero y otros diestros.

En 1888, el famoso torero valenciano Francisco Joaquín Sans, apodado "Punteret", que se había apoderado de las mejores palmas de los aficionados, por su valentía, destreza y elegancia, fue alcanzado en una corrida. Su muerte trajo como consecuencia la prohibición de las lidias de toros a partir del 31 de marzo de 1890 en todo el territorio nacional.

Al terminar el siglo, en 1899, se restablecieron las corridas, pero con toros embolados. Después no hubo toros hasta 1907, en que la Empresa Malet obtuvo un permiso para efectuarlas, dando una serie de espectáculos con toreros que contrató en el Paraguay, donde había corridas en aquel momento.

La antigua plaza fue demolida en 1923, cuando la perspectiva de la restauración de la fiesta era totalmente improbable.

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